Roscas de sartén

Este fin de semana lo pasé con mis abuelos, en León. La verdad es que, en contra de lo que es costumbre a estas alturas del año, hizo fresquete y el sol ni se dejó ver, ni lo pude tomar. Me dio igual.

De todos modos, se repitió el ritual habitual. Cuando llegué me estaban esperando LAS ROSCAS DE SARTÉN de mi abuela. ¡Tremenda tentación!

En honor a la verdad he de decir que mi abuela es algo así como McGiver, pero en la versión de una mujer espaoña de posguerra. Vale para todo y todo se le da bien. Mi abuela cose, borda, pinta, planta, trasplanta, arregla enchufes, rehace paredes y pone baldosines si hace falta, filetea, pica carne, abre a un cordero por la mitad en dos golpes (no en vano fue carnicera), y COCINA. Mi abuela es, simplemente, una artista. Siempre he creído que si mi abuela hubiera nacido ahora, con el carácter que ella tiene y las ideas tan claras que siempre ha tenido, hubiera sido, sencillamente, lo que hubiera querido. Pero la vida, que no es siempre justa, no le daba a las muejeres de su época oportunidad de casi nada. Cuando yo he estado y estoy por ahí, lejos, por el mundo, siempre sigo su consejo y disfruto y aprovecho lo que tengo: por mí y por ella.br /br /De todas formas, mi abuela ( mis abuelas y mis abuelos) son estupendos. Gente que se ha ganado lo que tiene a fuerza de trabajar y de echarle imaginación. Sus roscas de sartén son magníficas, pero sólo representan un poco de lo que es ella. Que conste que es una receta mejorada. Quizás algún otro día comparta algún otro de sus secretos 🙂

Receta:

tres huevos

un kg harina (aproximadamente, mejor un poco menos)

1 papeleta de royalbr

1 tazón de nata líquidabr

1 tazón de azúcarbr

Mezclar y amasar

Freir en abundante aceite de girasol

¡Listas y deliciosas!

ps: prometo poner una foto otro día…

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