Sin miedo

El domingo los socialistas sufrimos una derrota dura y dolorosa. No es la primera ni las condiciones las más difíciles a las que el Partido Socialista y sus más de 130 años de historia han tenido que enfrentarse.

La política es un asunto que trata de ideas, de gestión y, aunque algunos no lo sepan, de sentimientos. Si hemos perdido más de cuatro millones de votos -lo que no deja de ser un desengaño amoroso masivo- no es sólo por una crisis de dimensiones bíblicas, ni por una gestión poco acertada de ella. Será también porque hemos perdido la complicidad y la empatía con quienes nos habían apoyado en otras citas electorales. Porque no conectamos con los intereses, las preocupaciones y las prioridades de las personas cuyos problemas siempre han sido nuestro objetivo principal y a las que, en esta ocasión, nuestro mensaje no ha logrado convencer.

No caeremos en el error de pensar que quienes nos han dejado volverán sin más a nuestros brazos. Necesitan razones y nosotros tenemos que dárselas. Será necesario reconstruir nuestro mensaje y adaptarlo a los nuevos tiempos. Es la hora de hablar abiertamente del futuro de nuestros principios, de defenderlos sin miedo, sin complejos. Para hacerlo bien y ser creíbles harán falta nuevas voces que conecten ideas y personas.

A quien ha logrado la mayoría y el poder absoluto sólo cabe reclamarle la responsabilidad absoluta, y desearle, obviamente, una suerte también absoluta.

A los demás hay que pedirnos que seamos su alternativa, y que lo seamos antes de que el tsunami se lleve por delante todos los logros de los que tan orgullosos estamos. No hay tiempo que perder.

El PSOE es un partido lleno de historia, que ha salido de situaciones muy complicadas a lo largo de su propia historia y de la historia de España. Eso es cierto, pero ahora mismo el análisis ha de pasar por la idea básica de que el PSOE es y ha de ser un partido lleno también de futuro. Tiene que saber aprovechar la circunstancia de ser un partido repleto de gente que trabaja, que se entrega y que sabe ser generosa y solidaria. Toca escribir el futuro con fuerza y con formas renovadas. Toca tirar de lo mejor que tenemos: nuestra gente.

Nuestra aportación en los 30 años de democracia, y antes, ha contribuido de forma determinante a configurar este país y todas las cosas importantes que la gente ahora tiene miedo de perder. Pero nuestra perspectiva ha de ser que lo mejor está por venir. Nos gritan desde hace meses quienes nos votan, y quienes han dejado de hacerlo, que esperan gestos de cambio, asunción de responsabilidades, reconocimiento de errores y, sobre todo, una alternativa de izquierdas que permita tener esperanzas en que lo que venga no será tan duro para quienes menos posibilidades tienen. En mayo nos hicieron llegar ese mensaje y no supimos, no quisimos, o no pudimos leerlo y reaccionar. Nos equivocamos.

Nuestro compromiso ha de ser con ellos, y el próximo congreso es el momento de demostrárselo. Todos los espacios del partido y su estructura, deben servir a ese objetivo. Tocan nuevos tiempos. Tenemos ganas, tenemos ideas y tenemos cantera. Pongámonos a ello. Sin miedo.

(Publicado en La Voz de Asturias el domingo 27 de noviembre)

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